Medidas terapéuticas

A) Informe audiovisual: "La prevención del SIDA"

 Video 5 - La cultura de la vida. Cuestiones de bioética. "La prevención del SIDA". Goya Producciones (Auspiciado por la Cámara del Tabaco de Salta - Argentina)

 

 

B) Informe: 

Incidencia en el mundo de tratamientos antirretrovirales

en diversos países

Tratamiento

Actualmente el tratamiento terapéutico contra el SIDA consiste en la utilización de  medicamentos llamados antirretrovirales, que inhiben enzimas esenciales, la transcriptasa reversa, retrotranscriptasa o la proteasa, con lo que reducen la replicación del VIH. De esta manera se frena el progreso de la enfermedad y la aparición de infecciones oportunistas, así que aunque el sida no puede propiamente curarse, sí puede convertirse con el uso continuado de esos fármacos en una enfermedad crónica mejorando la calidad de vida de los portadores. La enzima del VIH, la retrotranscriptasa, es una enzima que convierte el ARN a ADN, por lo que se ha convertido en una de las principales dianas en los tratamientos antirretrovirales.20
En el año 2007 la Agencia Europea de Medicamentos (EMEA por sus siglas en inglés) autoriza el fármaco Atripla que combina tres de los antirretrovirales más usuales en una única pastilla. Los principios activos son el efavirenz, la emtricitabina y el disoproxilo de tenofovir. El medicamento está indicado para el tratamiento del virus-1 en adultos. 21
El común denominador de los tratamientos aplicados en la actualidad es la combinación de distintas drogas antiretrovilares, comúnmente llamada "cóctel". Estos "cócteles" reemplazaron a las terapias tradicionales de una sola droga que sólo se mantienen en el caso de las embarazadas VIH positivas. Las diferentes drogas tienden a impedir la multiplicación del virus y, hacen más lento el proceso de deterioro del sistema inmunitario. El "cóctel" se compone de dos drogas inhibidoras de la transcriptasa reversa (las drogas) AZT, DDI, DDC, 3TC y D4T) y un inhibidor de otras enzimas las proteasas.
Al inhibir diferentes enzimas, las drogas intervienen en diferentes momentos del proceso de multiplicación del virus, impidiendo que dicho proceso llegue a término. La ventaja de la combinación reside, justamente, en que no se ataca al virus en un solo lugar, sino que se le dan "simultáneos y diferentes golpes". Los inhibidores de la transcriptasa inversa introducen una información genética equivocada" o "incompleta" que hace imposible la multiplicación del virus y determina su muerte. Los inhibidores de las proteasas actúan en las células ya infectadas impidiendo el «ensamblaje» de las proteínas necesarias para la formación de nuevas partículas virales.
En 2010 se comprobó la eliminación del virus de un paciente con leucemia al recibir un transplante de médula de un donante con una muy rara mutación genética que lo vuelve inmune a una infección con HIV; se recuperó de ambas enfermedades. Siendo una mutación muy rara y una operación con altos riesgos, la posibilidad de que esto se vuelva una solución practica es casi inexistente de momento. A pesar de los resultados, las operaciones de este tipo exigen dosis de inmunosupresores para toda la vida. El defecto genético en cuestión hace que las células T no expresen el receptor CCR5 o CXCR4 que el virus necesita reconocer para entrar a la célula.

Situación actual del Tratamiento contra la Pandemia

La pandemia presenta, desde sus inicios, patrones epidemiológicos bien diferenciados, condicionados por el momento de su aparición en cada área geográfica, de las vías de transmisión implicadas y de la capacidad de respuesta de cada país. Ello se traduce en una gran variabilidad de la prevalencia de infección por el VIH en la población general adulta, que oscila entre el 8,8% del Africa subsahariana, el 2,4% del Caribe y menos del 1% en los países desarrollados.

Globalmente, la infección por el VIH/SIDA constituye en la actualidad una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial. El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) estima que, desde el inicio de la pandemia, más de 60 millones de personas se han infectado por el VIH, de las que un tercio han fallecido. Sólo durante el año 2002 se calcula que ocurrieron en el mundo 5 millones de nuevas infecciones y más de 3 millones de fallecimientos.
De los 42 millones de personas vivas infectadas estimadas a finales del año 2002, el 95% residen en países en desarrollo, y el 70% (29,4 millones) en África subsahariana, de los cuales 10 millones son jóvenes de 15-24 años y casi 3 millones niños menores de 5 años.

Aunque la incidencia anual de nuevas infecciones ha permanecido globalmente estable en el África subsahariana, esta estimación oculta la gravedad alcanzada en algunos países de Africa meridional, donde la prevalencia nacional de infección por el VIH ha superado el 30%. No obstante se prevé que en la década actual el mayor crecimiento de la epidemia tendrá lugar en países intensamente poblados como Rusia, las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, Indonesia, China e India. En los próximos 20 años se estima que, de seguir las tendencias actuales, otros
68 millones de personas podrían morir prematuramente como consecuencia del VIH/SIDA (la mayoría en el Africa subsahariana). La conjunción de la epidemia con otras circunstancias, como las crisis alimentarias, los conflictos armados o los cambios económicos y sociales acelerados
(que condicionan la acentuación de las diferencias sociales, un acceso limitado a los servicios básicos y/o el aumento de los movimientos migratorios), crea las condiciones favorecedoras para la rápida propagación de la infección.
Adicionalmente, la pandemia tiene un importante impacto en la economía, en la demografía y en la sociedad de los países más afectados. A diferencia de otras enfermedades relacionadas con la pobreza, el VIH/SIDA afecta fundamentalmente a personas jóvenes sexualmente activas, que se encuentran en las edades más productivas de sus vidas. Se estima que la epidemia ha causado más de 14 millones de huérfanos, y que en algunos de los países más afectados de África la esperanza de vida al nacer retrocederá más de 15 años a causa de la misma.
A finales de 2001, menos del 4% de los infectados de los países de baja y mediana renta recibían tratamiento antirretroviral, y menos del 10% de las personas tenían acceso a cuidados paliativos o tratamiento de las infecciones oportunistas. El acceso a la asistencia y tratamiento adecuados requiere no sólo una reducción en el precio de los fármacos, inasequibles en la actualidad para la inmensa mayoría de los afectados.

Otros obstáculos a considerar son la competencia con otras prioridades nacionales de salud en la asignación de recursos, y la insuficiencia de los propios sistemas sanitarios para dar una respuesta global a la epidemia, incluyendo la falta de infraestructuras y de personal cualificado. En este punto es imprescindible recordar que, en ausencia de una vacuna eficaz y aún en el hipotético caso de que las terapias más avanzadas estuvieran disponibles a escala mundial, el tratamiento per se no es la solución del problema global de la infección por el VIH. A diferencia de otras enfermedades infecciosas altamente prevalentes como la malaria o la tuberculosis, la infección por el VIH en adultos es evitable mediante medidas preventivas de probada eficacia que implican esencialmente modificaciones de conducta. Dicho de otro modo, las medidas preventivas tienden a disminuir el número de personas vivas infectadas por el VIH, mientras que los tratamientos antirretrovirales contribuyen a mantenerlo, por lo que ambas estrategias deben considerarse como complementarias y no antagónicas.

Fuente: EPIDEMIOLOGÍA DE LA INFECCIÓN VIH Y SIDA
Elías J. Cañas García-Otero, Francisco Javier García León y Gloria Andérica Frías

Importancia de la adherencia en el tratamiento antirretroviral

La buena adherencia al TARV es un factor decisivo para el éxito del tratamiento y la no adherencia puede tener importantes implicancias en la salud pública.

Cuando comenzaron a utilizarse 3 drogas en TARV, muchos investigadores creyeron inicialmente que se erradicaría completamente el virus del huésped. Sin embargo, poco tiempo después se supo que persiste replicación viral en reservorios aun cuando las cargas virales son indetectables.
El control de la replicación viral depende de múltiples factores pero la adherencia incorrecta es la primera causa de fracaso terapéutico relacionándose con mala respuesta al tratamiento, peor reconstitución inmune y mayor riesgo de mortalidad8,9. Por estos motivos, es muy importante que los pacientes sean conscientes de su enfermedad, entiendan claramente el objetivo del TARV, participen activamente en la decisión de iniciarlo, se sientan capaces de cumplir con su tratamiento y comprendan la enorme importancia que tiene una toma continua y correcta de la medicación.
Las características virológicas del VIH determinan que cuando existen niveles sub-terapéuticos de TARV el virus puede replicarse y desarrollar resistencia. Los datos obtenidos durante los primeros tratamientos combinados, basados en IP sin potenciar constataron que la máxima eficacia requería una adherencia prácticamente perfecta, clásicamente >95%. Estudios recientes sugieren que con niveles menores se pueden alcanzar los objetivos terapéuticos en regímenes basados en INNTI o IP/r, especialmente en pacientes que consiguen viremias indetectables 11, 12.
Debe destacarse que no sólo es importante el porcentaje de dosis omitidas sino también los patrones de adhesión subóptima. Las interrupciones de tratamiento (más de dos días sin tomar ningún fármaco) presentan mayor repercusión en la respuesta viral que la omisión ocasional de
dosis13.
Existe evidencia que muestra que entre un 20% y un 50% de pacientes bajo TARV presentan una adherencia inadecuada. Por ello, la falta de adherencia al TARV debe ser contemplada por los prestadores de salud como un problema de ineficiencia, que impide alcanzar la efectividad clínica y que puede conseguirse con los recursos disponibles para tratar la infección por el VIH. La adherencia al tratamiento no es un objetivo en si misma, sino que lo que interesa es la eficacia terapéutica, medida por parámetros clínicos y biológicos. Relacionada con estos parámetros debe preocupar también la prevención de la aparición de cepas virales resistentes a los fármacos.
Cabe mencionar que la relación entre adherencia y desarrollo de resistencias es más compleja que la idea establecida de que “la no adherencia aumenta el riesgo de resistencias”. Se han encontrado además diferencias en función de las familias de fármacos 20-23.
Virus fármaco-resistentes pueden transmitirse a otras personas durante actividades de alto riesgo, que luego puede limitar las opciones terapéuticas para otros 24-26.
Dado que la adherencia a los medicamentos antirretrovirales de las personas que viven con VIH es esencial tanto para la efectividad clínica como para la salud pública, la investigación en este ámbito ha aumentado durante los últimos años.